Cuando hablamos de arte vienen a nuestra mente grandes obras, grandes maestros, recintos espectaculares destinados a distintas manifestaciones artísticas. Pero casi nunca pensamos en esa cantidad impresionante de artistas anónimos que pueblan las calles del mundo.

Estos artistas callejeros no están en los catálogos de las grandes galerías, no salen en las revistas, no salen en televisión, no firman autógrafos, pero cuántos de los considerados artistas querrían para sí el talento y creatividad de estos artesanos callejeros.
Con la llegada del buen tiempo las plazas y calles de nuestras ciudades, los paseos de nuestras costas, sacan a la luz el arte que estos creadores llevan dentro. Cualquier rinconcito sirve para manifestar su arte.

Arte que por ser callejero no siempre es valorado en su justa medida. Se cuenta que el virtuoso violinista Joshua Bell tocó en el metro de Washington en hora punta con un Stradivarius de 1713 y no recaudó en una hora ni la mitad de lo que costaba una butaca en el teatro para verlo. La gente en la calle no da sus monedas para reconocer el talento del artista callejero sino para hacer una obra de caridad. La calle está al alcance de cualquiera y quizás por eso a los que actúan en ella no se les considera buenos artistas.
Artistas de diferentes nacionalidades: músicos, pintores, artesanos, mimos… Cada uno de ellos con su historia particular a cuestas, con una motivación diferente para ser artistas a pie de calle, con sueños por realizar…

Lo cierto es que todos ellos nos deleitan la vista, el oído… Verlos trabajar es una lección didáctica para cualquier viandante, cualquier rinconcito es bueno para difundir el arte que llevan dentro.
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